Aquí va otra imagen para hoy. Y una introducción a este tema que tanto me gusta y preocupa.
Sanadores contra contaminadores.
Últimamente está muy de moda eso de la gente tóxica, aléjate, no les hables, cuídate de ellos... pero esos consejos también son algo tóxicos. Yo prefiero entender a cada uno en su contexto. Las personas negativas y pesimistas están tristes y enfadadas por algo. Su objetivo no es destrozarte la vida, aunque a veces lo hagan conscientemente. Esto no lo justifica, pero si es bueno tenerlo en cuenta para que no los rechacemos radicalmente y se sientan más marginados, dolidos y llenos de rencor, miedo y otros sentimientos que desencadenan estas actitudes.
Por el otro lado están los sanadores, que yo prefiero desligarlos de la positividad extrema y ese ñoñerío innecesario. No hace falta vomitar arco iris, ir tirando flores por donde se pasa ni poner voz angelical para ser un sanador. El sanador es el que a pesar de sus mil problemas, críticas y fracasos, los afronta con una buena actitud, busca soluciones y sabe que la vida no es fácil. Ayuda a los demás, no los ataca, los comprende y rara vez lo escucharás quejarse.
He conocido a muchas de estas dos personas y ambas tienen mucho que enseñarnos. Es bueno saber que a veces todos somos sanadores y todos somos contaminadores.
Con suerte cuando se relacionan el sanador cura al contaminador. Otras veces tiene que tener un buen escudo porque están tan dolidos, heridos y frustrados que pueden hacernos mucho daño (aunque ni siquiera los conozcamos y sólo pasáramos por allí... )¡CUIDADO QUE MUERDEN!
Las experiencias que cada uno vive no son las mejores y muchas personas que se sienten realmente mal y están enfadadas con el mundo, cuando empiezas a rascar un poco en sus vidas comienzas a entender muuuchas cosas.
Ya estamos de vuelta, sí, ha sido antes de lo previsto. Muchos ya sabiais que estaba preparando oposiciones porque soy interina con tiempo de servicio y las convocaron hace unos tres meses.
A pesar del poco tiempo, de las pocas plazas y de haber pasado ya por otras, como explicaba en la entrada "oposiciones", puse todo mi empeño (como en todo lo que hago). Mi objetivo estos meses ha sido ese y he ido poniendo los medios para llegar a él dentro de mi contexto.
Conozco más de una experiencia sobre este tema, llenas de matices que la hacen diferente (hijos, trabajo, enfermedades...) Por eso, siempre me gusta escuchar las vivencias de los demás, porque no sólo saco conclusiones de mi vida, sino de lo que vosotros vivís, cómo lo vivís, qué soluciones ponéis. No para compararme, sino para saber que en esta vida todo depende de lo que nos rodea y que cada cosa puede dar resultados muy variados.
En cuestión de un segundo, podemos por el mismo gesto, ante la misma persona, tomarnos una palabra como halago o como agravio. Una caída puede hacernos mucho daño o casi ningún rasguño y podemos perder el autobús o cogerlo justo a tiempo...
Y así es la vida, llena de momentos buenos y malos.
¿Eso quiere decir que no lloremos, que no nos apenemos o no nos frustremos? No, porque entonces se quedará dentro de nosotros ese malestar por no haber conseguido lo que queríamos, nos sentiremos culpables y creeremos que no servimos para nada.
Entonces ¿qué hacemos? ¿decimos que nada importa? No.
Tenemos que evaluar lo que sentimos, lo ocurrido.
Hoy os pongo el ejemplo de mi prueba de oposición, pero podéis llevarla a cualquier experiencia similiar.
Yo he suspendido. Es la primera vez que suspendo unas oposiciones. Pero ¿me pongo a llorar desconsolada? ¿digo me da igual y sonrio como las locas?
No, me paro y repaso todo lo que he hecho, todo lo que ha ocurrido a mi alrededor ¿qué ha pasado? ¿cómo me siento? ¿se ha acabado el mundo? ¿me tiro a la basura, porque ya no sirvo de nada? Voy contestando todas esas preguntas y descubro cómo me siento y que lo único que ocurrió es que no conseguí un objetivo. Es inevitable que puedan aparecer sentimientos de tristeza o frustración, pero se aceptan y se pasan (esto dependiendo de la experiencia de la que hablemos será más o menos fácil). Como no se acaba el mundo toca marcarnos el siguiente objetivo en nuestra vida y seguir con alegría porque aún nos queda mucho por reir y llorar, pero, sobre todo, mucho por aprender.
Podéis pensar en vuestras propias experiencias y seguro que encontráis alguna que hayáis vivido de forma totalmente distinta, porque había muchas cosas que cambiaban a vuestro alrededor.
Aprendemos de todo y con todo. Como le decía hoy a @Yoriento en su red, en un artículo sobre la positividad, más que optimista o pesimista, hay que saber gestionar las emociones y llorar y reir siempre a partes iguales :) ¿Y si es difícil y no sabemos? APRENDEMOS :)
P.D: Hoy escribo una Post Data para el Señor Wert (ministro de educación en España).
Señor José Ignacio Wert:
Dadas sus polémicas declaraciones, me gustaría decirle que una nota es sólo un hito académico en el camino de un estudiante, que no determina sus competencias personales y profesionales. El error es lo que más hace crecer y superarse al ser humano. No dejamos de aprender durante toda la vida. Todavía hay salvación para usted. La educación de un país no debería estar en manos de responsables de estado que evidencian en sus palabras carecer de las bases elementales de la pedagogía.
Escribí esta entrada hace tiempo y no pensaba abrir el blog hasta dentro de unas semanas, pero como hoy es el día del pedagogo/a o al menos eso he visto en la red, la comparto. Espero que os guste :)
Nos detenemos un ratito para hablar de algo que me gustaría explicar un poco. Nos vamos a poner más técnicos, pero intentaré no pasarme :)
¿Qué es un pedagogo/a?
Las ciencias sociales tienen un lastre muy grande "son recientes", han sido muy mal miradas y no tienen instrumentos tan fiables como las ciencias exactas, pero, poco a poco se va demostrando su importancia en la combinación con todas las demás, porque si quitamos trozos a un objeto queda incompleto y eso es lo que aportan estas ciencias, globalidad, sentido y significado.
Aún así, sigue habiendo mucho desconocimiento de estas ciencias y más aún de algunas profesiones como la de los pedagogos/as. En la propia carrera se estudia esta situación de desconocimiento, de dificultad de consensos, del poco interés que suscita algo que se desconoce...
Yo no voy a contaros tratados sobre la pedagogía, sólo quería acercaros la amplitud que tiene esta profesión, todos los ámbitos que abarca y permitir que entendáis que muchos pedagogos/as están especializados, al igual que un doctor lo puede estar en cardiología u oftalmología.
Habitualmente, si digo que soy maestra nadie duda ni por un segundo, pero si explico que soy pedagoga, empieza la confusión. Creen que me dedico a niños/as con necesidades educativas especiales o a la psicología, a la filosofía y otras tantas cosas...
Esto no es preocupante. El desconocimiento o que no compartan los mismos principios que uno tiene, no es una barbaridad, ni un motivo de echarse las manos a la cabeza. Esta profesión te enseña que no lo puedes conocer todo, ni estar siempre de acuerdo. Gracias a ello surgen los conflictos y el aprendizaje, que son los motores de nuestra profesión.
Por eso, me gusta compartir y no para meter conocimientos en la cabeza de nadie, sino ofrecer un abanico nuevo de opciones para los demás y para mi.
Ese es el truco, COMPARTIR ( ya sabéis que esta palabra me encanta :). Entre todos valoraremos las mejores opciones, las que funcionan y las que no lo hacen.
A mi me gusta llamar a los pedagogos, los reflexivos, porque las funciones principales del pedagogo/a son observar dificultades, contradicciones, carencias, necesidades y poner medios para intervenir hacia la mejora.
Pero la intervención es muy amplia, puede intevenir en familias, en empresas, en centros educativos, en casos particulares, en dificultades de aprendizaje,...
Para ello tenemos que saber detectar, diagnosticar, no ser alarmistas, derivar a otros especialistas, tratar con las personas, ser expertos en el diálogo, en el manejo de emociones, en la resolución de conflictos, en creatividad para las propuestas innovadoras y en la coordinación de grupos.
Tenemos que saber adaptarnos a cada situación y a cada persona, ser empáticos (ponernos en lugar de otro) y asertivos (no perder nuestro propio lugar).
El pedagogo es un profesional de la educación en todos sus ámbitos (formación de empresas, de profesorado, centros educativos, evaluación de sistemas...)
EL PROBLEMA: En las ciencias sociales, en la educación, todos sabemos actuar, evaluar, tener criterios y pensamientos propios de forma innata. Eso hace que los medios que manejan los especialistas sean adsequibles y que todos puedan reflexionar, decidir, planificar, opinar...
Por ello, muchas personas desconfían y no valoran esta profesión pensando que nadie les tiene que decir cómo comportarse, qué hacen bien, qué puntos podrían mejorar...
Pero el verdadero problema no es ese, sino confundir la intención. El pedagogo no nos viene a decir qué hacemos bien o mal, ni decide por nosotros. Estos especialistas vienen a ayudarnos, orientarnos, para que entre todos mejoremos, busquemos soluciones y crezcamos (incluido ellos).
El ser humano no está preparado en ocasiones para tambalear sus sistema de ideales que le aportan seguridad, para el cambio continuo ni para el manejo de emociones propias y ajenas.
Volviendo a la analogía con un doctor. Todos sabemos ponernos tiritas si nos cortamos, pero si tenemos un problema mayor acudimos a un especialista que nos orientará tras un estudio en posibles tratamientos y a veces tarda en encontrar la solución. Y el tratamiento nos lo suministraremos nosotros mismos u otros especialistas (según la gravedad) y siempre que queramos (normalmente solemos acceder porque confiamos en la medicina).
Pues al igual podremos escuchar a un pedagogo y poner en marchar algunas pautas u orientaciones, pero siempre bajo nuestro criterio propio, creyendo realmente en sus orientaciones y buscándolas. Porque si no respetamos algo y creemos que nos servirá, no lo hará y pensaremos que no sirve de nada.
Este último, es un principio muy importante en la pedagogía, el interés, la búsqueda y la demanda. Si alguien no quiere aprender no lo hará.
Debemos entender bien la figura de este profesional, porque ya estamos lejos de aquel docente que transmitía y volcaba conocimiento, que nos dirigía por un camino único. Hemos llegado a la era de la incertidumbre, del cambio y de la constante transformación, por lo que debemos entender que estas personas no vienen a darnos soluciones mágicas ni a castigar nuestros comportamientos, sino a entender cada situación y a tendernos su mano para que entre todos podamos vivir mejor y encontremos millones de caminos.
Aunque los pedagogos/as están adquiriendo cada vez más importancia, aún queda mucho por
recorrer, al igual que en todo lo que rodea a la educación (docentes, sistemas educativos, familias, alumnado, contenidos...).
Esperemos que pronto no haya que explicar esta profesión y a la respuesta de yo soy pedagogo/a no nos pregunten ¿pedaqué? :)
OS DEJO UN PAR DE VIDEOS BREVES Y QUE RESUMEN LO ESCRITO